Día Internacional de la Lucha contra la Violencia de Género

Como siempre he hecho, me uno un 25 de noviembre más como fecha simbólica, al Día Internacional contra la Violencia de Género. Valoro, respeto y felicito a quienes hoy, y día a día, desde las instituciones, asociaciones y entidades sin ánimo de lucro, recuerdan que una sociedad avanzada y sana debe denunciar y condenar a los maltratadores y solidarizarse y ayudar a las víctimas.

Pero, desde mi perspectiva de experta en mayores, me vais a permitir que rinda desde aquí homenaje a quienes sufrieron y lucharon contra esta lacra social cuando el tema no estaba socialmente reconocido y se consideraba la violencia contra las mujeres una cuestión privada y de cada familia: A mis mayores.

A esas que siendo pioneras en su momento desde las escuelas, algunas pocas desde las instituciones, y muchas desde la calle, ya levantaron su voz para dignificar a las mujeres. En aquellos años 50, 60 ó 70, cuando la víctima se convertía en la responsable de todos sus males, cuando los niños y niñas desde sus hogares crecieron pensando que era normal que su padre levantara la mano a su madre, le gritara o recordara que ella no sabía nada y cuando, si se conocía algún caso cercano, se miraba para otro lado porque “cada uno debe ocuparse sólo de lo que pasa en su casa”.

catalina sarria

Esas mujeres valientes y pioneras, las que sin la educación en igualdad y solidaridad que ya hemos conocido los y las más jóvenes, alzaron la voz y dijeron “basta ya” desde la incomprensión y el desprecio de una sociedad que no estaba preparada para reconocer como iguales a los hombres y las mujeres, son hoy para mí las auténticas heroínas contra la Violencia de Género y a las que realmente quiero rendir este homenaje.

Esas mujeres que vivieron la postguerra, las necesidades básicas, la casa llenas de pequeños que sólo eran su responsabilidad y que no tuvieron voto, pero tampoco voz, son las que nos llevaron a una sociedad del bienestar, con dignidad y por increíble que parezca hoy, silenciadas y poco valoradas.

Pues va por ellas, por mis mujeres mayores y eternamente jóvenes, con espíritu de superación, de responsabilidad, de amor por los suyos y de gran dignidad personal.

A ellas les debemos lo que hoy somos. Gracias!

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